Artículo "Reinventarse para servir mejor" en El Periódico
2017-11-24
Pere-A Fàbregas, presidente de la Coordinadora Catalana de Fundacions




Las fundaciones gozan de buena salud en Cataluña. Su número sigue aumentando, así como su actividad, su incidencia en el PIB y en el empleo, aportando permanentemente elementos de mejora a la sociedad y a los millones de beneficiarios de sus servicios, tanto en sectores tradicionales como asistencia social, salud, cultura, o educación, como en temáticas más novedosas como investigación, cooperación, deportes, medio ambiente y tantos otros ámbitos.
 
Cataluña siempre ha sido tierra de fundaciones, quizás por el tradicional espíritu de iniciativa en la construcción de nuevas realidades de la sociedad catalana. Cabe recordar que la primera ley de fundaciones en España, fue la promulgada en Cataluña doce años antes que la general española, o que aún está en funcionamiento alguna fundación catalana creada en el siglo XII. El empleo y los beneficiarios de las fundaciones catalanas representan aproximadamente el 40% del total del país, proporción muy superior a la de la población o la economia de Cataluña. 
 
En la crisis económica que hemos sufrido en los últimos años, las fundaciones han sido un elemento imprescindible de sostén para muchas familias y una garantía de servicio de calidad. A pesar de la disminución de recursos públicos y privados y del increíble aumento de las demandas sociales, las fundaciones han seguido aportando con grandes esfuerzos y trabajos, el valor añadido de generosidad, servicio y altruismo.
 
El estado del bienestar tal como lo hemos concebido hasta ahora no tiene un futuro muy despejado, de modo que hay que prepararse para una sociedad del bienestar con un mayor compromiso de la ciudadanía y del mundo empresarial mediante la filantropía, necesariamente acompañada de un mejor trato fiscal.
 
Necesitamos que las fundaciones se modernicen y sean muy profesionales y claramente transparentes. Pero también necesitamos que el trato fiscal a los donantes sea más generoso. Lo que en España desgrava un 30% en Francia desgrava un 60%. Y además, debemos forzar un cambio cultural que mejore, de forma relevante, el reconocimiento social de los mecenas. En el tratamiento fiscal del funcionamiento interno de las fundaciones se ha de resolver el tema, siempre ignoto y perjudicial, de las múltiples interpretaciones de la casuística del IVA.
 
Otros elementos de mejora, deberían pasar por la difusión y utilización de nuevas técnicas de funding, o la promoción de estudios superiores sobre fundaciones. Siendo necesaria una permanente clarificación mediática de la importancia del sector fundacional para el conjunto de la economía y de sus aportaciones a la comunidad.
 
La sensibilización de la sociedad hacia la filantropía y la difusión de sus conceptos y de sus prácticas es fundamental para conseguir la aceptación social necesaria que marque una envolvente de aportaciones desde la propia sociedad a la sociedad para ayudar a resolver sus problemas, necesidades y carencias. Para ello, es estrictamente imprescindible una mejora continua y sostenida de los valores reputacionales de las fundaciones como el mejor instrumento disponible. Puede recordarse que Michael Porter, el catedrático de Harvard, decía: “las fundaciones pueden y deben conducir el progreso social”.
 
La Coordinadora Catalana de Fundaciones, creada hace 39 años, seguirá aportando permanentemente al avance del tejido fundacional de Cataluña, en este futuro, difícil pero ilusionante, de mejora de la sociedad y de sus instrumentos. 
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